15.3.02

David Lynch es de esos directores que provocan pasiones: o lo odias con pasión, o lo adoras con pasión. Mulholland Drive (Lynch, 2002) es Lynch puro, destinada a ser objeto de estudio y culto por algunos y descartada como una simple excentricidad por muchos otros. Sin embargo es esta una película que encierra mucho más de lo que muestra, con una situación que se complica con cada plano y deja ver algo más de sus personajes. Mulholland Drive es muchas cosas: una historia de crimen en la tradición del mejor cine negro de Hollywood, una pesadilla surrealista, una historia personal de busqueda de fama, una historia de amor, de desesperación, de poder y hasta de desamor. No hay manera de describir o etiquetar lo que la película es, y eso es lo que la hace tan especial.

Laura Harring y Naomi Watts están excelentes, llenan la pantalla con su belleza y su talento. Tienen juntas una de las mejores escenas de sexo que he visto en mucho tiempo, y le dan vida a un par (¿o más?) de personajes que en un principio podrían parecer muy monótonos.

Las imágenes memorables se suceden constantemente, parte de esos momentos tan extraños que son constantes en la carrera de Lynch, paseandose al ritmo de la música de Badalamenti e iluminados por Peter Deming con maestria. Cada plano tiene pistas que encontrar y tantas lecturas como espectadores. Los fans de Lynch van a estar encantados, y todos los que no lo son deberían de darle una oportunidad a la película. Seguro encontraran algo que les va a encantar.

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