Hoy estuve en el Salón del Cómic de Barcelona. Buen cotorreo (como diria el Mudeiro), buenas compras (me contuve y gaste poco, pero bien). Éxito absoluto del
Urban Dreams de
Santiago Casares y compañía, y también de
El Arsenal de
El Mudo y
Daniel Pérez.
Sin embargo no se porque -quizá me he vuelto un cascarrabias o puede ser que mi desamor con el cómic-industria no me deja ya disfrutar de nada- pero tuve serios
deja vús de los últimos eventos grandes de México. Y no podría compararlos en cuanto a la oferta de productos (más de todo excepto quizá
Hentai y piratería) o invitados (sólo hoy tuve oportunidad de charlar con
Craig Thompson y
Charles Burns), pero algo les falta a estos eventos. No sé que sea-- podría decir que les falta alma, pero la verdad es que no puedo describirlo bien. Pareciera que estos eventos -por más profesionales que salgan- siempre terminan siendo demasiado claustrofóbicos, juveniles, incestuosos, poco profesionales-- de nuevo creo que mi "cascarrabería" se apodera de mí, lo siento.
En cuanto a las exposiciones de este año, me dejaron bastante frío, la verdad. Ni la de
Pons o la del cómic del este de Europa lograron atraparme (aunque en esta última había unas piezas buenísimas de
Askold Akishin y
Veiko Tammjarv, entre otros). Increíblemente algunas de las mejores cosas en exposición las encontré en la dedicada al concurso de cómic del Injuve, que muestra nuevos talentos. Me quedo con algunos nombres (
Jorge García y
Miguel Ángel Diez,
Álvaro Ortiz,
Esther Gil) que trataré de seguir en sus próximos trabajos.
Y fuera de eso y algunas pláticas interesantes con editores, autores y conocidos, poco más. Tenía mucho tiempo (años quizá) de no ir a un evento de cómics y ahora recuerdo el porqué.