24.3.02

Ayer se me fue la noche entre el trabajo y unos reportajes interesantes en la televisión. Para cuando me di cuenta, el sol ya comenzaba a salir. Dude unos minutos entre ir a desayunar algo a la calle o dormir y decidí lo último. Bajé la persiana casi totalmente, abrí un poco la ventana para tener ventilación, puse el despertador a la 1 de la tarde y a dormir. Mi gato, Hipólito Gilito García Yin, siguió mi ejemplo.

Cuando sonó el despertador me levanté sintiéndome como si hubiera estado tomando toda la noche y con recuerdos extraños de un sueño no menos extraño: yo estaba trabajando por una noche en el bar El Paso (un bar de Madrid en el que trabajó Lesslye), sólo que no era como es en la realidad; en mi sueño, El Paso estaba al aire libre, como en un rancho descuidado de las afueras de Monterrey, lleno de cajas de cerveza y cocacolas y una camioneta. Yo, que debería estar trabajando, estaba con mi buen amigo y compañero Salvador "Mudo" Vázquez emborrachándonos con cerveza, tomando cerveza Indio de barril. Encargada del bar -y por lo tanto, mi jefa- estaba ni más ni menos que la actriz española Cayetana Guillén Cuervo, vestida como si estuviera lista para irse a los óscares. La cosa no acaba ahi.

Debe de haber sido el final de la noche, porque Cayetana estaba haciendo el corte de caja mientras el Mudo y yo nos tomábamos la última. Yo estaba sirviendo las cervezas, de espaldas a la entrada del bar, cuando veo que mis compañeros de juerga comienzan a retroceder, sus rostros mostrándo bastante miedo (el Mudo estaba más bien haciéndo uso de su "risita nerviosa" habitual). Cayetana me da el dinero que había en la caja y, cuando le preguntó que porqué me lo da, me dice que porque yo me voy a encargar. "¿De qué?". "De ESO".

Volteo. Y aquí viene lo más loco.

Entrando al bar está Randall "Tex" Cobb, el actor texano de éxitos como Blind Fury y Ernest Goes to Jail, caracterizado como el matón del infierno Leonard Smalls en Raising Arizona, con la cara y el cuerpo sucio, totalmente en pelotas exceptuando unas botas vaqueras negras y una capa (si, oyeron bien: capa) de cuero negro. Ah, si... y una escopeta recortada enorme. Con cara de pocos amigos, claro, y pidiendo el dinero que tenía yo en mis manos.



Supongo que habrá una segunda parte, porque ahi terminó el sueño. El maldito despertador comenzó a sonar con una estruendosa canción de Nino Bravo e interrumpió mi sueño.

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